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Del exposoma al "expotipo": una nueva forma de entender cómo el ambiente moldea la salud cerebral

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

Un nuevo artículo publicado en Nature Reviews Neuroscience, con la participación del profesor Agustín Ibáñez, propone un cambio de paradigma para comprender cómo el entorno, el cuerpo y el cerebro interactúan a lo largo de la vida


Collage creado por Alma Ortega



¿Por qué dos personas con una historia genética similar pueden envejecer de manera diferente? ¿Por qué algunas desarrollan enfermedades neurodegenerativas mientras otras mantienen una buena salud cerebral? Durante años, estas preguntas se abordaron analizando factores de riesgo de forma aislada, como la contaminación del aire, la alimentación, el nivel educativo, el estrés o la actividad física.

Sin embargo, una nueva perspectiva publicada en Nature Reviews Neuroscience plantea que esta aproximación ya no es suficiente. En el artículo "Linking the exposome to the brain–behaviour phenotype", investigadores internacionales, entre ellos el profesor Agustín Ibáñez, proponen que la salud cerebral debe entenderse como el resultado de una red dinámica de factores biológicos, ambientales y sociales que interactúan constantemente a lo largo de la vida.


Del exposoma al expotipo


El concepto de exposoma hace referencia al conjunto de todas las exposiciones que experimenta una persona desde antes del nacimiento hasta el final de su vida. Esto incluye aspectos físicos como la calidad del aire o el clima, factores sociales como la educación o las condiciones económicas, hábitos de vida como la alimentación y el ejercicio, e incluso procesos biológicos internos como la inflamación o el metabolismo.

El artículo va un paso más allá y propone el concepto de expotipo, entendido como la configuración específica y dinámica de todos esos factores actuando simultáneamente sobre un individuo. Más que una lista de exposiciones independientes, el expotipo representa la manera en que estos elementos interactúan entre sí para influir en el funcionamiento del cerebro y en la conducta.


No basta con sumar factores de riesgo


Los autores argumentan que muchos estudios siguen evaluando los factores ambientales por separado. Sin embargo, en la vida real las exposiciones ocurren de manera simultánea y cambian con el tiempo.

Por ejemplo, el impacto de la contaminación ambiental puede ser diferente según el contexto socioeconómico, la calidad del sueño, la actividad física o el acceso a servicios de salud. De la misma manera, algunos factores pueden potenciarse entre sí, mientras que otros pueden amortiguar sus efectos. Comprender estas interacciones es esencial para explicar por qué las trayectorias de envejecimiento cerebral son tan diferentes entre las personas.


Hacia una neurociencia del exposoma


Para abordar esta complejidad, el artículo propone avanzar hacia una neurociencia del exposoma, apoyada en herramientas capaces de analizar sistemas dinámicos y no lineales.

Entre las estrategias destacadas se encuentran el aprendizaje automático multivariado, la inteligencia artificial con enfoques causales, los estudios longitudinales, los relojes biológicos del envejecimiento y los llamados gemelos digitales biofísicos, modelos computacionales que permiten simular cómo interactúan el cerebro, el organismo y el ambiente a lo largo del tiempo. Estas aproximaciones buscan ir más allá de la predicción estadística para comprender los mecanismos que generan las enfermedades y el envejecimiento cerebral.


Una mirada global para la salud cerebral


Los autores también subrayan la necesidad de ampliar la diversidad de las poblaciones estudiadas. Gran parte de la evidencia disponible proviene de países de altos ingresos, lo que limita la comprensión de cómo distintos contextos ecológicos, sociales y culturales influyen en la salud cerebral.

Incorporar datos provenientes de regiones como América Latina permitirá comprender mejor cómo el ambiente se incorpora biológicamente y cómo diferentes trayectorias de vida pueden traducirse en distintas formas de envejecimiento y enfermedad cerebral.

Más que proponer un nuevo concepto, este trabajo plantea una agenda de investigación para los próximos años, estudiar el cerebro como el resultado de una interacción continua entre biología, ambiente y sociedad, con el objetivo de desarrollar estrategias más precisas para prevenir, comprender y modificar las trayectorias del envejecimiento cerebral y las enfermedades neurodegenerativas.

 
 
 

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