Cinco prioridades para repensar la prevención de las demencias
- hace 8 horas
- 2 min de lectura
En una nueva publicación en The Lancet, Hernando Santamaría-García y Agustín Ibáñez proponen cinco prioridades para avanzar hacia una prevención de las demencias más contextual, compleja y globalmente representativa. La propuesta plantea superar las listas universales de factores de riesgo y comprender qué riesgos importan, cómo interactúan y bajo qué condiciones sociales afectan a distintas poblaciones.

La prevención de las demencias ha avanzado en la identificación de factores de riesgo modificables y en recomendaciones relacionadas con la actividad física, la salud cardiovascular, la alimentación o la participación social. Sin embargo, una nueva publicación de Hernando Santamaría-García y Agustín Ibáñez en The Lancet plantea que la próxima generación de prevención necesita ir más allá de una lista universal de riesgos individuales.
Los autores proponen una mirada más contextual, compleja y globalmente representativa. Un mismo factor puede no tener la misma prevalencia o impacto en todos los países y, además, las posibilidades de modificarlo dependen de las condiciones en las que vive cada persona. La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuáles son los factores de riesgo de demencia, sino cuáles importan más, para quiénes, dónde y bajo qué condiciones sociales.
A partir de esta perspectiva, el artículo plantea cinco prioridades. La primera es ampliar y regionalizar el mapa de riesgos, incorporando, además de factores biomédicos y de estilo de vida, condiciones como pobreza, desigualdad, educación, contaminación, acceso a salud, violencia, discriminación y características de los entornos donde vivimos.
La segunda propone estudiar cómo los riesgos se acumulan e interactúan. En la vida real, factores como pobreza, menor acceso educativo, contaminación, estrés crónico o riesgo cardiovascular pueden presentarse simultáneamente. Comprender esas combinaciones puede ser tan importante como estudiar cada factor por separado.
La tercera prioridad es equilibrar la prevención individual con la estructural. Recomendar ejercicio, alimentación saludable o control de la hipertensión sigue siendo fundamental, pero la capacidad de adoptar esos comportamientos depende también del acceso a espacios seguros, tiempo, recursos y atención sanitaria. Prevenir implica, por tanto, pensar también en ciudades saludables, educación, protección social, reducción de la contaminación y acceso equitativo a la salud.
Los autores plantean además la necesidad de ampliar las formas de producir evidencia. Muchos determinantes sociales y estructurales no pueden estudiarse mediante ensayos clínicos aleatorizados, por lo que será necesario integrar evidencia procedente de cohortes longitudinales, experimentos naturales, evaluaciones de políticas, estudios mecanísticos, inferencia causal y otras aproximaciones.
Finalmente, proponen fortalecer las infraestructuras regionales de investigación, especialmente en América Latina, África, Asia y otras regiones históricamente subrepresentadas. El objetivo no es simplemente trasladar modelos desarrollados en otros lugares, sino generar evidencia desde las poblaciones y contextos donde las estrategias de prevención deberán implementarse.
Las cinco prioridades convergen en un mismo cambio de perspectiva: prevenir las demencias no depende únicamente de modificar comportamientos individuales, sino también de comprender y transformar los contextos que producen y distribuyen el riesgo. Una prevención verdaderamente global deberá reconocer qué riesgos importan, cómo se combinan, dónde tienen mayor impacto y qué condiciones sociales hacen posible —o dificultan— actuar sobre ellos.
Leer la publicación en The Lancet: https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(26)01440-6.pdf



Comentarios