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Del “ellos” al “nosotros” ¿cómo la identidad nacional re-configura el cerebro social?

  • hace 2 horas
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Andrés Casas explora cómo la neurociencia social puede ayudarnos a comprender uno de los fenómenos más relevantes de la actualidad colombiana, la polarización política. A partir de hallazgos recientes sobre identidad, pertenencia y cognición social, el autor reflexiona sobre los mecanismos que permiten construir sentidos compartidos en sociedades marcadas por la diferencia y el conflicto.


Por: Andres Casas



El nuevo estudio publicado en PNAS por Kelly H. L. Sng y colegas constituye uno de los avances más importantes de los últimos años en neurociencia social de la identidad. En una época marcada por polarización, nacionalismos excluyentes, conflictos intergrupales y fragmentación social, el artículo aborda una pregunta fundamental para las ciencias del cerebro y del comportamiento: ¿puede el cerebro humano reconfigurar rápidamente la frontera neuronal entre “nosotros” y “ellos”?

La respuesta que ofrece este trabajo es tan sofisticada como esperanzadora. Utilizando resonancia magnética funcional (fMRI) en una muestra multicultural de Singapur, los autores demuestran que activar una identidad superordenada —en este caso, la identidad nacional compartida— modifica la manera en que el cerebro procesa rostros pertenecientes a grupos étnicos externos. Más específicamente, el estudio muestra que el córtex prefrontal ventromedial (VMPFC), una región central para el procesamiento autorreferencial y la cognición social, responde a miembros del “out-group” de forma más parecida a como responde al propio grupo cuando se activa una identidad nacional compartida .


El hallazgo tiene implicaciones profundas para la neurociencia social contemporánea, porque ofrece evidencia neural del Common Ingroup Identity Model desarrollado por Gaertner y Dovidio (2000): la idea de que las identidades compartidas pueden reducir prejuicios al transformar cognitivamente a antiguos “ellos” en un “nosotros” ampliado.


El cerebro social y las fronteras de la identidad


Durante décadas, la neurociencia social ha mostrado que el cerebro humano procesa de forma diferencial a los miembros del grupo propio y del grupo externo. Estudios previos demostraron que el VMPFC participa en procesos de autorreferencia, valoración social y cercanía psicológica (Mitchell et al., 2005; Denny et al., 2012). Por contraste, el córtex prefrontal dorsomedial (DMPFC) suele asociarse con procesos de mentalización más deliberativos y con el procesamiento de personas percibidas como psicológicamente distantes (Amodio & Frith, 2006).

El nuevo estudio amplía esta literatura al mostrar que estas fronteras neuronales son mucho más flexibles de lo que tradicionalmente se asumía. Bajo condiciones de priming étnico, los participantes mostraban mayor activación del VMPFC frente a rostros de su propio grupo étnico que frente a rostros de otros grupos . Sin embargo, cuando los investigadores activaban una identidad nacional compartida, esa diferencia disminuía significativamente: los rostros del grupo externo comenzaban a generar patrones neurales más cercanos a los del grupo propio.

En otras palabras, el cerebro parecía mover parcialmente a los miembros del exogrupo desde la categoría neural de “otros” hacia la categoría de “nosotros”. Este hallazgo conecta con una larga tradición de investigación sobre categorización social y sesgos intergrupales. Tajfel y Turner (1979) mostraron que incluso categorías mínimas y arbitrarias pueden generar favoritismo intragrupal. Sin embargo, Sng y colegas demuestran que el cerebro también posee mecanismos dinámicos para expandir los límites de pertenencia cuando un marco identitario más inclusivo se vuelve cognitivamente saliente.


Representaciones neuronales flexibles, no borradas


Uno de los aspectos más sofisticados metodológicamente del estudio es el uso de Representational Similarity Analysis (RSA), una técnica multivariada que permite analizar la geometría representacional de los patrones neuronales. Los resultados muestran que, bajo priming nacional, disminuye la distancia representacional entre rostros del grupo propio y del grupo externo en el VMPFC. Sin embargo, las diferencias étnicas no desaparecen completamente. Los autores interpretan este resultado como evidencia de una “recategorización parcial” y no de una fusión categórica total .

Este punto es teóricamente crucial. El cerebro no elimina las identidades subordinadas; más bien, las reorganiza dentro de una identidad superordenada compartida. Desde la psicología social, esto se acerca más a modelos de “identidad dual” que a modelos de asimilación completa (Hornsey & Hogg, 2000). Neuralmente, el estudio sugiere que el cerebro puede mantener simultáneamente distinciones grupales y pertenencias comunes.

La implicación política y social es enorme. Muchas estrategias de cohesión fracasan porque intentan borrar identidades locales, culturales o étnicas en nombre de una identidad nacional homogénea. Este estudio sugiere que el cerebro humano funciona mejor bajo arquitecturas identitarias multinivel: identidades particulares preservadas dentro de marcos colectivos más amplios.


La importancia del contexto multicultural


Otro aporte fundamental del estudio es que fue realizado en Singapur, una sociedad altamente multicultural donde la convivencia interétnica forma parte de la vida cotidiana. Esto resulta importante porque gran parte de la literatura clásica sobre neurociencia intergrupal se desarrolló en contextos occidentales relativamente homogéneos.

Los autores encontraron que el DMPFC no mostraba el patrón clásico de mayor activación frente al exogrupo bajo condiciones étnicas . Interpretan este resultado como evidencia de que la exposición cotidiana a diversidad reduce las demandas cognitivas asociadas al procesamiento del “otro”. Es decir, el cerebro social parece adaptarse ecológicamente a contextos de pluralismo frecuente.

Esto conecta con trabajos recientes sobre plasticidad social y neurociencia cultural que muestran cómo los entornos sociopolíticos moldean las dinámicas neuronales de percepción social (Han & Ma, 2014). También dialoga con investigaciones contemporáneas sobre flexibilidad cognitiva y conflicto, que sugieren que las sociedades polarizadas tienden a rigidizar categorías sociales y respuestas afectivas intergrupales.


Minorías, flexibilidad y navegación identitaria


Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que los participantes pertenecientes a minorías étnicas mostraron efectos neurales de recategorización más fuertes que los miembros del grupo mayoritario .

Esto coincide con teorías de complejidad identitaria que sostienen que las minorías suelen desarrollar mayor flexibilidad para navegar múltiples identidades sociales simultáneamente (Roccas & Brewer, 2002). En términos neurocognitivos, el estudio sugiere que la experiencia cotidiana de habitar múltiples marcos identitarios puede fortalecer mecanismos cerebrales de integración social flexible.

La observación tiene implicaciones relevantes para sociedades fragmentadas o postconflicto. Las poblaciones históricamente expuestas a diversidad, exclusión o negociación identitaria podrían poseer ventajas adaptativas para liderar procesos de cohesión y reconstrucción social.


Implicaciones para la neurociencia del conflicto y de la paz


Este estudio aporta directamente a una pregunta central para la neurociencia política y la ciencia de paz: ¿cómo pueden transformarse las infraestructuras psicológicas del conflicto?

Daniel Bar-Tal (2013) ha argumentado que los conflictos prolongados generan repertorios sociopsicológicos rígidos basados en amenaza, desconfianza y deshumanización. El nuevo estudio sugiere que las identidades superordenadas podrían funcionar como mecanismos neurales de flexibilización social, capaces de modificar parcialmente las fronteras cognitivas que sostienen la polarización.

Esto también conecta con investigaciones recientes sobre flexibilidad cognitiva y actitudes extremas. Estudios de Leor Zmigrod y colegas han mostrado que estilos cognitivos más rígidos se asocian con ideologías dogmáticas y procesamiento categórico inflexible (Zmigrod et al., 2019). Desde esta perspectiva, la capacidad del VMPFC para reorganizar dinámicamente representaciones sociales podría constituir un mecanismo neurocognitivo protector frente a dinámicas extremistas.

La relevancia trasciende el laboratorio. En sociedades contemporáneas caracterizadas por hiperpolarización digital, tribalismo político y crisis de confianza institucional, comprender cómo activar identidades compartidas sin borrar diferencias constituye uno de los desafíos centrales para las democracias del siglo XXI.


Conclusión


El estudio de Sng y colegas representa un avance extraordinario para la neurociencia social contemporánea porque demuestra que las fronteras neuronales entre “nosotros” y “ellos” son más maleables de lo que durante décadas se asumió. 

La investigación revela que el cerebro humano no opera únicamente mediante categorías rígidas de pertenencia, sino mediante sistemas dinámicos capaces de reorganizar representaciones sociales en función del contexto identitario. Más importante aún, muestra que la cohesión no requiere eliminar diferencias, sino integrarlas dentro de marcos compartidos de significado.

En una época donde las sociedades parecen atrapadas entre tribalismos crecientes y crisis de identidad colectiva, este trabajo ofrece algo raro en la neurociencia contemporánea: evidencia empírica de que el cerebro humano posee mecanismos naturales para expandir el círculo moral y cognitivo del “nosotros”.


Referencias


  • Amodio, D. M., & Frith, C. D. (2006). Meeting of minds: The medial frontal cortex and social cognition. Nature Reviews Neuroscience, 7(4), 268–277. https://doi.org/10.1038/nrn1884

Bar-Tal, D. (2013). Intractable conflicts: Socio-psychological foundations and dynamics. Cambridge University Press.

Denny, B. T., Kober, H., Wager, T. D., & Ochsner, K. N. (2012). A meta-analysis of functional neuroimaging studies of self- and other judgments reveals a spatial gradient for mentalizing in medial prefrontal cortex. Journal of Cognitive Neuroscience, 24(8), 1742–1752. https://doi.org/10.1162/jocn_a_00233

Gaertner, S. L., & Dovidio, J. F. (2000). Reducing intergroup bias: The common ingroup identity model. Psychology Press.

Han, S., & Ma, Y. (2014). Cultural differences in human brain activity: A quantitative meta-analysis. NeuroImage, 99, 293–300. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2014.05.062

Hornsey, M. J., & Hogg, M. A. (2000). Assimilation and diversity: An integrative model of subgroup relations. Personality and Social Psychology Review, 4(2), 143–156. https://doi.org/10.1207/S15327957PSPR0402_03

Mitchell, J. P., Banaji, M. R., & Macrae, C. N. (2005). The link between social cognition and self-referential thought in the medial prefrontal cortex. Journal of Cognitive Neuroscience, 17(8), 1306–1315. https://doi.org/10.1162/0898929055002418

Roccas, S., & Brewer, M. B. (2002). Social identity complexity. Personality and Social Psychology Review, 6(2), 88–106. https://doi.org/10.1207/S15327957PSPR0602_01

Sng, K. H. L., Nasser, N. S., Esposito, G., & Chen, S. H. A. (2026). National identity reconfigures brain responses from “them” to “us”. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(14), e2531563123. https://doi.org/10.1073/pnas.2531563123

Tajfel, H., & Turner, J. C. (1979). An integrative theory of intergroup conflict. En W. G. Austin & S. Worchel (Eds.), The social psychology of intergroup relations (pp. 33–47). Brooks/Cole.

Zmigrod, L., Rentfrow, P. J., & Robbins, T. W. (2019). Cognitive underpinnings of nationalistic ideology in the context of Brexit. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(15), 7505–7510. https://doi.org/10.1073/pnas.1818710116


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